Select Page

Cualquier época de crisis puede ser vista como una época de oportunidades. Esta es una de las expresiones más manidas en periodos de dificultades, como si se esperara que su simple pronunciación aliviara los pesares de quienes la escuchan. Más allá de su vocación esperanzadora, es completamente cierto que de cualquier problema puede extraerse una valiosa lección para el futuro. En el contexto actual, la ciberseguridad es un problema para muchas empresas, que se enfrentan a importantes pérdidas económicas por esta cuestión. Precisamente por ello, los inversores tienen aquí una auténtica mina de oro.

El negocio de la ciberseguridad está ya lo suficientemente maduro como para afirmar que tiene mucho más de realidad que de expectativa. Si en 2013 se invirtieron unos 40.000 millones de dólares en ciberseguridad en los Estados Unidos, cinco años más tarde esta cifra se ha disparado hasta los 66.000 millones de dólares. Dicho de otro modo, el volumen de negocio del sector se ha incrementado un 10,5% anual en los últimos cinco ejercicios. Posiblemente, el crecimiento que se registre en los próximos años no se moverá en cifras tan elevadas… o sí. La agencia Gartner espera que el gasto mundial en seguridad alcance los 100.000 millones de dólares en 2018.

Claro que, a la luz de los datos anteriores, algún escéptico lector podría pensar, maliciosamente, que si cada vez se invierte más en seguridad es porque las soluciones se desactualizan con gran rapidez, poniendo en duda su validez. El número total de ciberataques sigue aumentando pero el daño económico provocado por los mismos no aumenta en idéntica proporción. Esto se debe a que muchas empresas que han implementado medidas de ciberseguridad en los últimos años comienzan ahora a comprobar los resultados positivos de su inversión. En este sentido, en lo que llevamos de 2018 las pérdidas económicas provocadas por ciberataques se habrían reducido respecto al ejercicio anterior.

Ahora bien, esta ilusionante fotografía podría ser válida para las compañías norteamericanas, que acometieron con mayor rapidez e ímpetu las inversiones necesarias. En el resto del mundo, es mucho el camino que queda por recorrer, lo cual ofrece interesantes posibilidades para los inversores. El 30% de los ciberataques registrados en 2018 se han producido en la región de Asia-Pacífico, que podría seguir ganando peso en esta clasificación por su crecimiento económico y demográfico. Quizá convenga poner el foco en China, la India o Japón…

Invertir en cibereseguridad es una apuesta de futuro que seguiremos analizando en nuestras próximas publicaciones.