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Hablar de cultura empresarial implica poner en valor todas las variables que intervienen de algún modo en la actividad económica. Por supuesto, los conocidos como valores corporativos y los factores humanos en general también están muy presentes en este amplio concepto. Amplio pero no inmutable, puesto que el desarrollo de las nuevas tecnologías también ha obligado a conferir una visión más amplia a la gestión diaria de una compañía. La ciberseguridad debe entenderse como una parte más del engranaje empresarial, no siendo un coto privado para expertos sino un proyecto colectivo del que nadie puede evadirse.

El principal cometido de la dirección de la empresa es conseguir un cierto consenso en torno a la importancia de la seguridad en Internet. Al fin y al cabo, difícilmente cabe esperar éxito alguno en cualquier campaña de protección en línea si los empleados, en tanto que responsables de su aplicación, no comprenden debidamente su importancia. Lo más aconsejable no es hablar de obligación sino de sensibilización, creando un clima de responsabilidad compartida entre trabajadores y gestores. Lógicamente, es a los directivos a quienes les corresponde llevar la iniciativa y predicar con el ejemplo.

Evidentemente, el líder también tiene que rodearse de un equipo de colaboradores que sean igualmente conscientes de la importancia de la ciberseguridad. En realidad, podemos hablar perfectamente de una estructura piramidal, en la que cada nivel es responsable de guiar al siguiente. Además, los miembros del equipo directivo acostumbran a permanecer más tiempo en su puesto, por lo que son igualmente útiles para garantizar que esta nueva cultura se mantenga dentro de la empresa indefinidamente. También a nivel administrativo, las empresas pueden crear canales de comunicación específicos para abordar estos asuntos, como el envío de boletines periódicos sobre las nuevas tendencias o su posible impacto en la compañía.

En línea con lo anterior, cada vez más empresas se atreven a romper las barreras físicas de la oficina para llevar cuestiones como la ciberseguridad a cualquier parte. Por ejemplo, el desarrollo de aplicaciones móviles puede permitir monitorizar diferentes variables de la actividad online de la empresa cuando los empleados no se encuentren en sus instalaciones. Esto no implica que los trabajadores no puedan desconectar de sus responsabilidades sino que puedan realizar parte de su jornada laboral en otros espacios. Sin duda, esta es una de las claves de la cultura empresarial del s. XXI.

Para redondear este decálogo de recomendaciones y buenas prácticas, no podemos olvidarnos de las medidas con un trasfondo más práctico. Para que los esfuerzos de nuestros subordinados no resulten baldíos, la compañía debe dotarse de las herramientas necesarias para hacer frente a las amenazas más serias. Ninguna empresa debería no disponer de una estrategia de ciberseguridad activa acorde con su volumen de negocio o área de actividad. Esta protección generará, asimismo, la sensación de que la empresa está preparada contra todo lo que pueda llegar, permitiendo que los trabajadores desarrollen sus tareas con mayor confianza.

La nueva cultura empresarial se construye día a día, así que léenos a diario y no te quedes al margen de esta dinámica.