La Navidad ya se divisa en el horizonte y las grandes ciudades europeas se preparan para acoger las tradicionales -y multitudinarias- celebraciones que acompañan a tan entrañables fechas. Por desgracia, distintos factores han motivado que la seguridad haya escalado posiciones en la planificación de cualquier evento navideño. Londres ha ido un paso más allá y ha diseñado un ambicioso programa de reconocimiento facial para identificar a cualquier posible sospechoso que se adentre en el centro de la ciudad. ¿Una medida necesaria o excesiva? El debate está servido.

La Policía londinense desarrollará durante la Navidad una campaña de reconocimiento facial que tendrá dos líneas de actuación. En primer lugar, se creará un amplio fichero con los rostros de aquellos transeúntes que deseen participar en el programa. Para ello, agentes policiales debidamente identificados solicitarán a los ciudadanos que se dejen escanear el rostro. De este modo, los británicos contribuirán a agilizar el trabajo de la Policía a la hora de controlar grandes masas de personas. La segunda parte de la campaña consistirá en la instalación de cámaras de vídeo con la tecnología de reconocimiento facial integrada.

Hasta aquí, las ventajas de la campaña son evidentes. Los agentes de Policía que están trabajando desde los diferentes centros de control pueden seguir en tiempo real la situación de las calles londinenses y, cuando aparezca un sospechoso, el sistema de reconocimiento facial activará la alarma pertinente. Conviene recordar que Reino Unido ha sufrido varios atentados terroristas de carácter islamista en los últimos años, al tiempo que el inminente Brexit ha generado una mayor sensación de inseguridad entre buena parte de la población. Con todo, tan invasivo protocolo de vigilancia no ha gustado a todos.

La organización Big Brother Watch ha calificado el nuevo operativo policial londinense como “autoritario, peligroso e ilegal”. Autoritario porque supone ceder a las autoridades la potestad de reconocernos en cualquier situación y sin que medie una orden judicial (en principio, de manera voluntaria). Peligroso porque una cesión de ese calibre puede volverse en nuestra contra si alguien logra hackear el sistema de vigilancia. Ilegal porque, salvo que se modifique la legislación vigente (y no está previsto un movimiento en este sentido, no es lícito grabar a los transeúntes de manera indiscriminada. Por ahora, los policías de Londres sortean este último obstáculo con la petición formal a los ciudadanos para que colaboren con el operativo.

La seguridad es una de nuestras grandes preocupaciones y en este espacio te comentaremos qué papel puede jugar la tecnología.