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Resulta difícil mesurar con exactitud el impacto de los correos electrónicos en la gestión empresarial. Si en el ámbito doméstico supusieron toda una revolución, en el corporativo su influencia se ha traducido en miles de millones de dólares en beneficios (en comparación con el correo ordinario, sus costes y su eficacia). De un tiempo a esta parte, sin embargo, los correos electrónicos se han convertido en auténticas amenazas para la ciberseguridad de las empresas. Si todavía no conoces esta grave problemática, lee la siguiente entrada con mucha atención.

El informe Email Security Trends 2018 de Barracuda ha constatado que un impresionante 87% de los especialistas en seguridad de las tecnologías de la información han detectado amenazas en las bandejas de entrada de los correos electrónicos de sus respectivas empresas. Consecuentemente, el 75% de los profesionales consultados reconocen estar bastante más preocupados por este fenómeno que hace cinco años. Es más, el citado informe muestra, de manera harto inquietante, que este factor de riesgo crece de manera exponencial, puesto que el 81% de los expertos sondeados han apreciado un repunte de las amenazas respecto al año pasado.

Pero, ¿cómo es posible que se haya experimentado semejante crecimiento de los ataques cibernéticos a través del correo electrónico? En primer lugar, los hackers han comprobado que se trata de una vía relativamente sencilla para acceder a las bases de datos de las empresas. Por norma general, el correo electrónico es usado con tanta frecuencia por los trabajadores que los controles de seguridad se relajan notablemente. Así, las imprudencias o la falta de celo de los profesionales es la principal causa de esta problemática. De hecho, en 2017 este fue el principal delito cibernético en Estados Unidos.

El factor humano es, pues, esencial en la transmisión de estas amenazas. Muchas empresas se han percatado de ello y han empezado a fomentar la formación en ciberseguridad de sus profesionales. Las medidas de prevención básicas pasan por detectar las muestras más evidentes de que un correo electrónico es fraudulento. Aunque los ciberdelincuentes han mejorado en este aspecto, muchos correos ilícitos presentan asuntos y descripciones incoherentes o sospechosos. Otras técnicas más sofisticadas pasan por el cifrado de los correos y por la instalación de programas específicos para detectar los fraudes.

La mayor parte de las amenazas que llegan a nuestra empresa mediante los correos electrónicos no son especialmente graves, puesto que simplemente buscan llenar la bandeja de entrada con publicidad y spam en general. Esto no puede llevarnos a relativizar el problema porque el daño económico que provoca esta técnica delictiva está creciendo rápidamente. El 22% de los profesionales consultados por el estudio que hemos comentado han tenido que incrementar su presupuesto en ciberseguridad para conjurar esta amenaza.

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