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Hace algunos años, el fundador y máximo responsable de Facebook, Mark Zuckerberg, publicó una fotografía aparentemente inocente pero que no tardó en suscitar el interés de otros usuarios por un pequeño detalle. Y es que, el ordenador personal de Zuckerberg aparecía con una pegatina sobre su cámara frontal. Rápidamente, proliferaron todo tipo de teorías sobre el espionaje a través de esta cámara, llevando a muchos internautas a emular el gesto del joven visionario. Pero, ¿hasta qué punto estamos expuestos a sufrir ataques de este tipo?

Lo primero que hay que aceptar es que, efectivamente, los ciberataques a través de las cámaras frontales o ‘webcams’ son reales y numerosos. En 2014, el FBI llevó a cabo una operación de grandes magnitudes que se saldó con decenas de detenciones. La amenaza es, por tanto, real. Ahora bien, si los agentes federales habían mostrado su eficacia a la hora de dar con la identidad de los ciberdelincuentes, también fueron acusados de haber ‘hackeado’ cámaras para espiar ilícitamente a sospechosos. Aunque estas acciones se han ejecutado en pos de la seguridad nacional, la sensación de indefensión de muchos usuarios resulta comprensible.

¿Cómo se realiza el ‘hackeo’ de la ‘webcam’? Exactamente del mismo modo que cualquier otro ciberataque. El pirata informático lanza un troyano o cualquier otro programa malicioso (‘malware’) que aprovecha alguna vulnerabilidad de otros equipos para infiltrarse en ellos y acceder a la cámara frontal. A partir de ahí, el ciberdelincuente puede tener acceso a imágenes en tiempo real del usuario. Y no, no siempre podremos descubrir el ataque al comprobar que la luz de la ‘webcam’ está encendida, ya que los troyanos consiguen deshabilitar esta función. Es por ello que muchos expertos recomiendan cubrir la ‘webcam’ cuando no se esté utilizando.

En cuanto a las motivaciones de los ataques, aquí sí que conviene desmentir algunos tópicos. En la mayoría de casos, los ciberdelincuentes no quieren disponer de material grabado que comprometa al usuario para extorsionarle. Sencillamente, buscan información sensible, como claves de acceso a diferentes plataformas, como las de las entidades financieras. Voces tan autorizadas como la de Mikko Hermanni Hyppönen, experto en ciberseguridad y colaborador en distintos programas gubernamentales, lo tienen claro: “cubro mi ‘webcam’ por si acaso, no es en absoluto una mala idea”. Ciertamente, colocar una pequeña cinta adhesiva no deteriora la ‘webcam’ pero sí nos puede ahorrar muchos dolores de cabeza.